Archivos Mensuales: mayo 2012

Moverse sin moverse

Una de las cosas que más me ha costado en la práctica de la meditación es el concepto de “no hacer nada”. En la meditación, y sobre todo en algunas prácticas como el Zen, meditar consiste en sentarse y prestar atención a la respiración. Cuando te distrae un pensamiento, vuelves la atención a la respiración. Cuando el nivel de concentración es tan profundo que aparecen los fuegos artificiales, no les das importancia, vuelves a la respiración.

Stone lantern in the Shukkei-en garden, Hiroshima, Japan. (Photo credit: Wikipedia)

Una y otra vez, la respiración y la atención son los únicos vehículos que parecen funcionar en la práctica. Esto contrasta con mi experiencia al estudiar psicología de buscar activamente el equilibrio, la salud/bienestar del individuo. En las diferentes corrientes de psicología, bien sea conductismo, psicoanálisis, humanismo, etc., lo fundamental es que la persona avance de manera voluntaria y proactiva hacia los patrones (conductuales, emocionales o relacionales) saludables. Y con todo, en la meditación esto parece relegado a un segundo plano: si te embarga la ira, mantén la atención. Si te raptan los pensamientos, dirige tu atención. ¿Te angustia hablar con una persona? Centra tu atención en las reacciones de tu cuerpo. Parece que lo único que importa es el control de tu atención en los diferentes momentos de tu vida personal.

Parece que, en la práctica de la atención, lo que realmente importa es que dejes que tu vida sea como antes y te limites a observarla con una atención lúcida y serena. El simple hecho de “mantener la linterna encendida” obra por sí sola el milagro del cambio conductual / emocional / relacional. En esto se parece un poco a uno de los postulados del psicoanálisis primigenio de Freud, que sostenía que los desordenes del inconsciente cesan por sí sólos cuando emergen a la consciencia.

Yo me he resistido durante mucho tiempo a esta concepción casi mística de la atención. Puedes ser consciente de tu adicción a la droga, pero, ¿ser consciente te librará del acto de drogarte?

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Budismo, de Sangharakshita

“La primera y última cosa que debemos saber sobre la meditación es que hemos de practicarla y experimentarla, en lugar de hablar y escribir sobre ella” Sangharakshita.

El primer libro que quiero recomendar es el libro que encendió mi interés sobre la meditación y el mundo relacionado con ésta. Lo encontré por casualidad en la Fnac y lo leí y releí muchas veces. Es un libro ameno y profundo, de los que puedes leer a muchos niveles. Su principal atractivo, para mi, consiste en que sabe transmitir la esencia del budismo y sus múltiples facetas. Aporta mucha claridad sobre un gran número de conceptos que utilizan otros autores y que resultan básicos para comprender qué hay detrás de esta gran tradición milenaria.

Sangharakshita es un inglés que ha vivido mucho tiempo en la india. En su libro se nota tanto su origen como su deseo de hacer llegar a occidente la forma de pensar del budismo.

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Al hilo de la entrada anterior…

Curiosamente, he encontrado otro blog de meditación cuya última entrada le viene que ni pintado a mi comentario sobre la mano tonta.

Es un simpático video del maestro Thich Nhat Hanh que dice, como suele ser habitual en él, cosas muy interesantes.
La verdad es que no le había oído nunca hablar, ¡qué majete el Thich Nhat!.

Podéis disfrutar de él en este blog

La práctica de la mano tonta

Hands of a harpist playing

Lo importante de la práctica comienza cuando te levantas del cojín de meditación. La práctica formal es importante para mantener la serenidad y la lucidez, pero, en el fondo, creo que lo fundamental es la atención. Para mí, ser consciente es sinónimo de mantener la atención activa en lo que ocurre dentro de ti mientras actúas en el día a día.

Sin embargo, resulta muy complicado mantener la atención en la propia atención. Ser consciente mientras realizas actos cotidianos resulta muy complicado porque en seguida te raptan pensamientos. Puede que sea porque muchas de las cosas que hacemos están automatizadas y no necesitamos tener activa la atención para llevarlas a cabo. Por eso empecé a fijarme en las manos.

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